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¿Cómo afecta  el Alzheimer nuestra capacidad de atención? La experta Saray Hermosilla explica cómo el Alzheimer genera cambios tempranos en la atención y cómo evolucionan con el desarrollo de la enfermedad

La enfermedad de Alzheimer es un trastorno neurodegenerativo progresivo que ocasiona pérdida neuronal irreversible y demencia. Los primeros cambios en el cerebro pueden empezar a desarrollarse hasta 20 años antes de sus primeras manifestaciones clínicas. La rapidez de la progresión de la enfermedad dependerá, en parte, de la edad que tenga la persona en ese momento y de la existencia de otras complicaciones médicas.

Podemos agrupar los síntomas clínicos del Alzheimer en tres grupos: neurológicos, neuropsicológicos y psiquiátricos. Siendo los síntomas cognitivos y conductuales los primeros indicadores que nos sugerirán la posible presencia de esta enfermedad.

Si bien la característica principal de la enfermedad de Alzheimer es el deterioro de la memoria, en muchos estudios se enfatiza la importancia de los déficit atencionales tempranos; afirmando que las pérdidas de memoria no son sino fruto de una disfunción atencional previa.

La atención actúa como mecanismo de activación de los procesos mentales superiores; como son la memoria, el lenguaje o la función visuoespacial entre otras. Dicho en otras palabras, todo aquello que es susceptible de ser memorizado, denominado o percibido, previamente ha de ser atendido.

En algunos estudios (Posner, Perry y Hodges, Baddeley, Bucks y Wilcock, Gorus y col.) se sugiere, y las actuales técnicas de neuroimagen parecen confirmarlo, que la atención no es una función única sino que se divide en diferentes subsistemas. Existen distintos tipos de atención:

TIPOS DE ATENCIÓN:

1.    Atención selectiva: es la capacidad de enfocar voluntariamente nuestra atención sobre un estímulo o tarea particular, dejando a un lado aquellos aspectos que parezcan irrelevantes. Es el componente que nos permitirá categorizar las cosas y realizar un adecuado tratamiento de la información.

2.    Atención dividida: es la capacidad de atender a dos o más estímulos a la vez; pudiendo ser, o dos estímulos diferentes, o un estímulo y una imagen mental. Dependiendo de la relevancia de cada estímulo, la capacidad atencional se distribuirá de una manera diferente.

3.    Atención sostenida: es la capacidad de concentración que nos permite mantener el foco de atención sobre un mismo estímulo durante un tiempo determinado. Es un mecanismo complejo que implica la interacción de aspectos motivacionales más que cognitivos.

Mientras que en la enfermedad de Alzheimer, la atención sostenida es la menos vulnerable, la atención selectiva y la dividida se irán viendo gravemente afectadas conforme vaya avanzando la enfermedad.

En las fases leves de la enfermedad de Alzheimer, se presentan dificultades para reconocer objetos complejos o nuevos, colores de gamas similares, caras nuevas, espacios de organización compleja y partes internas del cuerpo.

En la fase moderada del Alzheimer, es frecuente que se altere el reconocimiento de objetos u olores familiares, las caras de conocidos poco frecuentes y los lugares de organización simple. También es habitual que surjan trastornos de reconocimiento del propio cuerpo y se agraven los problemas para la discriminación de colores; a excepción del rojo, el amarillo, el azul, el verde y el negro.

En la última fase, o de fase de deterioro avanzado del Alzheimer, el paciente no puede reconocer su propia cara, ni en fotografías, ni frente al espejo, tampoco la de los familiares más cercanos, la mayoría de los objetos, los colores y los lugares con organización espacial muy simple…  También hay que tener en cuenta otros aspectos que pueden afectar a la atención, como son la depresión y el consumo de ciertos psicofármacos.

Es importante comprender adecuadamente las alteraciones atencionales que presentan los pacientes con Alzheimer, dado que pueden darnos información relevante  sobre el modo en que procesan la información y la forma en la que contribuyen al deterioro de la memoria, el lenguaje y el aprendizaje.

Por otra parte, este conocimiento también puede resultarnos útil para el desarrollo de nuevos programas de Psicoestimulación más acordes a sus necesidades; teniendo en cuenta las áreas y vías cerebrales más afectadas, así como las mejor conservadas, podremos proponer actividades más eficaces para su rehabilitación o estimulación.

En la actualidad, el tiempo de reacción y los déficit atencionales no se toman en cuenta a la hora de evaluar el Alzheimer, sin embargo, han demostrado ser marcadores cognitivos completamente válidos para el diagnóstico de esta enfermedad.

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